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A la luz de esa aurora primaveral, tu pecho
vuelve a agitarse ansioso de
glorias y de amor.
¡Loco…!, corre a esconderte en el asilo
oscuro
donde ya no penetra la viva luz del sol.

Aquí tu sangre torna a
circular activa,
y tus pasiones tornan a rejuvenecer…
huye hacia el
antro en donde aguarda resignada
por la infalible muerte la implacable
vejez.

Sonrisa en labio enjuto hiela y repele a un tiempo;
flores
sobre un cadáver causan al alma espanto;
ni flores, ni sonrisas, ni sol de
primavera
busques cuando tu vida llegó triste a su ocaso.

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Su ciega y loca fantasía corrió arrastrada por el vértigo,
tal como
arrastra las arenas el huracán en el desierto.

Y cual halcón que cae
herido en la laguna pestilente,
cayó en el cieno de la vida, rotas las alas
para siempre.

Mas aun sin alas cree o sueña que cruza el aire, los
espacios,
y aun entre el lodo se ve limpio, cual de la nieve el copo
blanco.

            II

No maldigáis del que, ya ebrio, corre a beber con nuevo afán;
su eterna
sed es quien le lleva hacia la fuente abrasadora,
cuanto más bebe, a beber
más.

No murmuréis del que rendido ya bajo el peso de la vida
quiere
vivir y aun quiere amar;
la sed del beodo es insaciable, y la del alma lo es
aún más.

            III

Cuando todos los velos se han descorrido
y ya no hay nada oculto para los
ojos,
ni ninguna hermosura nos causa antojos,
ni recordar sabemos que
hemos querido,
aún en lo más profundo del pecho helado,
como entre las
cenizas la chispa ardiente,
con sus puras sonrisas de adolescente,
vive
oculto el fantasma del bien soñado.

quisiera Hermosa mia

Publicado: 10 junio, 2011 en Poemario, Rosalía de Castro

Quisiera, hermosa mía,
a quien aun más que a Dios amo y venero,
ciego
creer que este tu amor primero,
ser por mi dicha el último
podría.
Mas…
—¡Qué! ¡Gran Dios, lo duda todavía!

—¡Oh!, virgen
candorosa,
¿por qué no he de dudarlo al ver que muero
si aun viviendo
también lo dudaría?

—Tu sospecha me ofende,
y tanto me lastima y me
sorprende
oírla de tu labio,
que pienso llegaría
a matarme lo injusto
del agravio.

—¡A matarla! ¡La hermosa criatura
que apenas cuenta
quince primaveras…!
¡Nunca…! ¡Vive, mi santa, y no te mueras!

—Mi
corazón de asombro y dolor llenas.
—¡Ah!, siento más tus penas que mis
penas.
—¿Por qué, pues, me hablas de morir?
—¡Dios mío!
¿Por qué ya del
sepulcro el viento frío
lleva mi nave al ignorado puerto?

—¡No puede ser…! Mas oye: ¡vivo o muerto,
tú solo y para siempre…! Te lo
juro.

—No hay por qué jurar; mas si tan bello
sueño al fin se
cumpliera, sin enojos
cerrando en paz los fatigados ojos,
fuera a
esperarte a mi sepulcro oscuro.
Pero… es tan inconstante y tan
liviano
el flaco y débil corazón humano,
que lo pienso, alma mía, y te lo
digo,
serás feliz más tarde o más temprano.

Y en tanto ella llorando
protestaba,
y él sonriendo, irónico y sombrío,
en sus amantes brazos la
estrechaba,
cantaba un grillo en el vecino muro,
y cual mudo
testigo,
la luna, que en el cielo se elevaba,
sobre ambos reflejaba
su
fulgor siempre casto y siempre amigo.

            II

De polvo y fango nacidos,
fango y polvo nos tornamos:
¿por qué, pues,
tanto luchamos
si hemos de caer vencidos?

Cuando esto piensa humilde y
temerosa,
como tiembla la rosa
del viento al soplo airado,
tiembla y
busca el rincón más ignorado
para morir en paz si no dichosa.

            III

Los astros son innúmeros, al cielo
no se le encuentra fin,
y este
pequeño mundo que habitamos,
y que parece un punto en el espacio,
inmenso
es para mí.

Después… tantos y tantos
cual las arenas del profundo
mar,
seres que nacen a la vida, y seres
que sin parar su rápida
carrera,
incierta siempre, vienen o se van.

Que se van o se mueren,
esta duda
es en verdad cruel;
pero ello es que nos vamos o nos
dejan,
sin saber si después de separarnos
volveremos a hallamos otra
vez.

            IV

Y como todo al cabo
tarde o temprano en este mundo pasa,
lo que al
principio eterno parecía,
dio término a la larga.
¿Le mataron acaso, o es
que se ha muerto
de suyo aquello que quedará aún vivo?
Imposible es
saberlo, como nadie
sabe al quedar dormido,
en qué momento ha aprisionado
el sueño
sus despiertos sentidos.

            V

¡Que cuándo le ha olvidado!
¿Quién lo recuerda en la mudable vida,
ni
puede asegurar si es que la herida
del viejo amor con otro se ha
curado?

¡Transcurrió el tiempo! —inevitable era
que transcurriese—, y
otro amante vino
a hacerse cauteloso su camino
por donde el muerto amante
ya lo hiciera.

            VI

De pronto el corazón con ansia extrema,
mezclada a un tiempo de placer y
espanto,
latió, mientras su labio murmuraba:
—¡No, los muertos no vuelven
de sus antros…!

Él era y no era él, mas su recuerdo,
dormido en lo
profundo
del alma, despertóse con violencia
rencoroso y adusto.

—No
soy yo, ¡pero soy! —murmuró el viento—,
y vuelvo, amada mía,
desde la
eternidad para dejarte
ver otra vez mi incrédula sonrisa.

—¡Aún has de
ser feliz! —te dije un tiempo,
cuando me hallaba al borde de la
tumba—.
Aún has de amar; y tú, con fiero enojo,
me respondiste:
—¡Nunca!

—¡Ah!, ¿del mudable corazón has visto
los recónditos
pliegues?—,
volví a decirte; y tú, llorando a mares,
repetiste: —Tú solo,
y para siempre.

Después, era una noche como aquéllas,
y un rayo de la
luna, el mismo acaso
que a ti y a mí nos alumbró importuno,
os alumbraba a
entrambos.

Cantaba un grillo en el vecino muro,
y todo era silencio en
la campiña;
¿no te acuerdas, mujer? Yo vine entonces,
sombra,
remordimiento o pesadilla.

Mas tú, engañada recordando al muerto,
pero
también del vivo enamorada,
te olvidaste del cielo y de la tierra
y
condenaste el alma.

Una vez, una sola,
aterrada volviste de ti
misma,
como para sentir mejor la muerte
de la sima al caer vuelve la
víctima.

Y aun entonces, ¡extraño cuanto horrible
reflejo del
pasado!,
el abrazo convulso de tu amante
te recordó, mujer, nuestros
abrazos.

¡Aún has de ser feliz! —te dije un tiempo
y me engañé; no
puede
serlo quien lleva la traición por guía,
y a su sombra mortífera se
duerme.

—¡Aún has de amar! —te repetí, y amaste,
y protector
asilo
diste, desventurada, a una serpiente
en aquel corazón que fuera
mío.

Emponzoñada estás, odios y penas
te acosan y persiguen,
y yo
casi con lástima contemplo
tu pecado y tu mancha irredimibles.

¡Mas,
vengativo, al cabo yo te amaba
ardientemente, yo te amo todavía!
Vuelvo
para dejarte
ver otra vez mi incrédula sonrisa.

***

“Rosalía de Castro”

Justicia de los hombres, yo te busco,
pero sólo te encuentro
en la palabra, que tu nombre aplaude,
mientras te niega tenazmente el hecho.

—Y tú, ¿dónde resides —me pregunto
con aflicción—, justicia de los cielos,
cuando el pecado es obra de un instante
y durará la expiación terrible
mientras dure el infierno?

Rosalia de Castro. 

En los ecos del órgano, o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo, y en todo te buscaba,
sin encontrarte nunca.
Quizás después te ha hallado, te ha hallado y ha perdido
otra vez de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
sin encontrarte nunca.
Pero sabe que existes y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre, pero perfecta y única.
Por eso vive triste, porque te busca siempre,
sin encontrarte nunca.

Rosalia de Castro

“Todos los Derechos Reservados”

 

Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;
ya el viajero allí nunca va su sed a apagar.

Ya no brota la hierba, ni florece el narciso,
ni en los aires esparcen su fragancia los lirios.

Sólo el cauce arenoso de la seca corriente
le recuerda al sediento el horror de la muerte.

¡Mas no importa! A lo lejos otro arroyo murmura
donde humildes violetas el espacio perfuman.

Y de un sauce el ramaje, al mirarse en las ondas,
tiende en torno del agua su fresquísima sombra.

El sediento viajero que el camino atraviesa,
humedece los labios en la linfa serena
del arroyo que el árbol con sus ramas sombrea,
y dichoso se olvida de la fuente ya seca.

 

Rosalia de Castro.

“Todos los Derechos Reservados”.

bueno es hora de poner en orden la sala de lectura, asi que aqui os traigo nuevos titulos y grandes obras de algunos de los mas prestigiosos y grandes artistas de la literatura,  William Shakespeare; Rosalia de Catro, Lope de Vega y un clasico entre clasicos; Juan Ramon Jimenez y su incomparable; Platero y yo.

Disfruten de estos titulos y si pueden conseguirlos ahora que viene el buen tiempo y empiezan las ferias del libro, haganse con algunas de estas magnificas obras de todos los tiempos.

Psdt: Recuerden que esto solo son recomendaciones, aunque hoy en dia se esta pirateando mucho los libros en PDF, aqui no se postea nada que no sea legal).