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Cartas > Miguel Hernández

Publicado: 23 octubre, 2011 en Miguel Hernandez, Poemario

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombre me encuentro,malheridos por la ausencia,desgastados por el  tiempo.Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales,
sueños,
fragmentos de la ternura
proyectados en el cielo,lanzados de
sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

En un rincón
enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre
la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de
estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el
papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la
tierra mi amante cuerpo
esté, escríbeme a la
tierra, que yo te
escribiré.

Cuando te voy a escribir
se emocionan los
tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a
escribir, te van a escribir mis huesos:
te escribo con la
imborrable
tinta de mi sufrimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas
plegadas
y la dirección en medio.
Ave que solo persigue,
para nido aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos
y el espacio de tu aliento.
Y te
quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Ayer se quedó una
carta abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que
perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los
muertos:
papel anhelando, humano,
sin ojos que puedan
verlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido, si no

es posible despierto.
Y mis heridas serán,
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.

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No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.

Un pie se acerca a lo claro.
En lo oscuro
insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí
tampoco.
El odio aguarda su instante
dentro del carbón más hondo.

Rojo es el odio y nutrido.

El amor, pálido y solo.

Cansado
de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve
tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,

triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre
entre los ojos.

Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de
encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de
pronto.

Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.

Soledades que en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para
siempre.
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz,

entrechocado, furioso.

Solitariamente atados
por el amor, por el
odio.
Por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades,
torvos.

En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin
compaña quedan
como en el agua, en el fondo.

Sólo una voz, a lo
lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el
cuello a los hombros.

Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso

de vello retrocedido
y erizado que me pongo.

Los secos vientos no
pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su
cárcel de agosto
porque esa voz es el arma
más tierna de los
arroyos:

«Miguel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,

antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso».

Amor: aleja
mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad
como un soplo.

Después del amor, la tierra.
Después de la tierra,
todo.

 

                 Alma de mis oriolanos
         ¡digo!… oriolanos de mi alma.
                  A vosotros me dirijo
            desde esta carta “arrimada”,
             que escribo, teniendo por
             mesa el lomo de una cabra,
               en la milagrosa huerta
             mientras cuido la manada,
                tras saludaros lo mismo
           que hacen todos en las cartas.

     ……………………………………………………………..

 Miguel Hernandez, famoso poeta de Orihuela.

 

Os traigo con un gran orgullo, emocion y alegria, esta buena nueva!! Si; mi ciudad Natal, Orihuela, en la provincia de Alicante, Mi Querida y tan cercana Orihuela podria ser patrimonio de la Humanidad!! Como si Dios me hiciera tal regalo!!!

Pero antes de seguir quiero dejaros, un poco de historia de mi ciudad, (NOTA: TODOS LOS DATOS, FECHAS, TEXTOS ETC….HAN SIDO OBTENIDOS DE LA WEB   www.enorihuela.com )

 

HISTORIA, CULTURA Y CRONOLOGIA  DE ORIHUELA

EN EL PASADO:

No existen todavía restos que permitan asegurar la presencia humana en estas tierras durante el Paleolítico.

ni tampoco durante el Neolítico, pese a lo que se piensa que el primer asentamiento debió producirse durante el Solutrense (20.000 a.C.). En el periodo de la transición de la Edad de Bronce llegan hombres de cráneo braquicéfalo que traen de África la llamada “Cultura de las Cuevas”, cuyos restos más importantes aparecieron en la necrópolis de San Antón.

La expansión de la “Cultura de Los Millares” por esta comarca, supuso el cambio de una economía ganadera a una economía agrícola o mixta. La mejora en las técnicas de fundición de metales nos llegó de Almería unos 3500 años atrás con la denomina “Cultura de El Argar”, instaurando una sociedad jerarquizada basada en una incipiente especialización en el trabajo.

 En la necrópolis de San Antón se hallaron enterramientos en tinajas y también en forma de túmulo, estas últimas destinadas a personajes importantes. Una lenta evolución reflejada en los yacimientos de Los Saladares y de San Antón nos introduce en el mundo ibérico, donde surge ya un primitivo urbanismo en lugares dominantes y se utiliza la cerámica de torno y decorada.

La presencia de los Celtas que llegan en busca de la sal de Guardamar, pronto queda diluida entre la población ibérica. Estas dos razas darán aquí lugar al pueblo contestano. El primer contacto de la comarca de la Vega Baja con los griegos se produce en el siglo VI a.C., sirviendo el río Segura como vía de penetración para su comercio.

 La presencia de los fenicios es difícil de datar cronológicamente; es posible que fueran ellos los que enseñaron al núcleo ibérico la utilización del torno y el horno de alfarería.

Los cartagineses cambiaron el tipo de dominación comercial de fenicios y griegos por el de dominación política, difundiendo además el uso de la moneda Asdrúbal en el 223 a.C. estableció una primera fortificación en este meandro del río Segura.

 A la llegada de los romanos fue denominada “Orcelis” y se produce un retroceso de transcultación con el asentamiento de colonos desde el siglo II a.C. y una intensificación de las exportaciones de esparto del interior de la comarca y de salazones de caballa desde Guardamar. El cristianismo se difunde tardíamente, no antes del siglo III, y su proceso de consolidación es muy lento.

La primera aparición de tribus germánicas se produce en el 262 con la presencia de los francos en incursiones de saqueo. Eurico incorpora estas tierras al reino visigodo en el último tercio del siglo V, denominándola “Aurariola”, capital del condado de Oróspeda, tras la presencia breve de vándalos y alanos.

En el 579 Oriola queda convertida en capital de Auraiola, una de las ocho demarcaciones del reino de Leovigildo.

Personaje singular en la época visigoda y musulmana es Teodomiro, conde de Auraiola, que gozó de amplia autonomía después de la derrota de D. Rodrigo en Guadalete y del pacto que firmara con Abdelaziz en abril del 713, que según narra la leyenda, el prócer visigodo situó en las murallas de la ciudad a mujeres vestidas con uniformes de guerreros.

de manera que forzó la negociación frente al invasor. Abderramán I acabó con esa autonomía, pero instauró una provincia con los términos actuales de Murcia y Alicante, cuya capital sería Orihuela y que se mantendrá hasta 1031.

La época de los reinos taifas trajo para Orihuela continuos cambios de soberanía, perteneciendo sucesivamente a los reyezuelos de Almería, Denia, Valencia, Sevilla… codicia justificada por la feracidad de su huerta y la situación estratégica de su fortaleza. Es una época de gran brillantez cultural, destacando especialmente los estudios jurídicos y el análisis del Corán.

La Reconquista acentuará este carácter de pieza codiciada: la ciudad pasará a manos de Alfonso El Sabio, siendo aún príncipe (17-04-1242), y recuperada poco después por los moriscos. Tomada de nuevo por Jaime I de Aragón, es devuelta a Alfonso X en 1266, hasta que en 1304, Jaime II la anexiona otra vez a Aragón.

En 1296 Orihuela rinde su homenaje a Jaime II de Aragón y se incorpora al Reino de Valencia, como cabeza de gobernación y con derecho a voto en las Cortes. Durante la Guerra de los Dos Pedros, Pedro I el Cruel de Castilla atacó el castillo en 1364 sin éxito, consiguiendo tomarlo finalmente dos años después por poco tiempo, ya que pocos años más tarde Pedro IV la incorporará definitivamente a sus territorios.

Orihuela que configurada como una Gobernación dependiente de Valencia, frente a los castellanos de Murcia y los musulmanes granadinos. La incorporación a Aragón trae consigo una potenciación aristocrática, privilegiando a las grandes familias, para evitar que simpatizaran con la vecina Castilla.

 Alfonso V EL Magnánimo destacó especialmente en sus concesiones a la nobleza oriolana. En 1433 se establece por primera vez la Inquisición en la ciudad, siendo nombrado inquisidor el dominico Fray Gleda.

A finales del siglo XV, Orihuela contaba con una población de unos 7.500 habitantes cristianos y 2.500 entre moriscos y judíos. Existió una gran tolerancia con las minorías religiosas, hasta el decreto de expulsión de los judíos en 1492. El urbanismo mantiene su carácter musulmán, con estrechas y enrevesadas calles que configuran las barriadas de El Salvador (actual Catedral), Santa Justa y Santiago.

En 1488 visitaron la ciudad los Reyes Católicos, reuniendo en la iglesia de Santiago a las Cortes Valencianas (con motivo del 500 aniversario de este hecho se volverán a reunir), confirmándoles sus fueros y solicitando ayudas para la campaña de Granada (Reconquista).

En 1520 la “germanía” de Orihuela, presenta al gobierno de la ciudad una serie de reclamaciones, entre las que figuraban en primer lugar que al pueblo se le diera representación en el Concejo, y que los nobles no pudieran acaparar más de un cargo en dicho Concejo.

Les son negadas y el 23 de diciembre de 1520 estalla el motín, dirige la sublevación el notario Pedro Terol, al que sucederá Pedro García, también notario. La nobleza oriolana se refugia en Albatera. En el transcurso de las guerras de las Germanías fue conquistada por las tropas del general Vélez, que derrotó a lo agermanados en 1520.

Durante la guerra de Sucesión apoyó la causa del archiduque Carlos. Fue tomada por los franceses en la guerra de la Independencia sin ofrecer fuerte resistencia. Carlos I proscribe a los agermanados y el virrey Hurtado de Mendoza nombra a Ramón Rocafull para sofocar la rebelión.

 Los agermanados de la región se concentran en Orihuela mandados militarmente por Pedro Palomares, en lo que ya era una abierta guerra civil. En el Rincón de Bonanza se librará el combate decisivo. Pedro Maza y el Marqués de Los Vélez destrozarían el ejército de los sublevados y ahorcando a Palomares.

En 1564, reinando Felipe II, Orihuela se convierte en sede episcopal, independiente de la de Cartagena.

En 1610 se creo la Universidad de Orihuela, regentada por los dominicos y que estaría en funcionamiento hasta 1807.

En 1635 se comienza a imprimir libros en la ciudad, con el establecimiento del taller de imprenta de Vicente Franco.

Sin embargo, su peso relativo con respecto a otras zonas de la provincia fue paulatinamente decreciendo desde mediados del siglo XVI, destacando las pestes de 1648 y 1678 y la ruina de la agricultura comercial. La Bailía General pasaría a instalarse en la ciudad de Alicante en el 1647.

Sin embargo, a principios del siglo XVIII se produjo un potente impulso colonizador de su huerta, apoyado por el cardenal Belluga y que se tradujo en una notable expansión económica y demográfica.

A comienzos del siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión que enfrenta al archiduque Carlos y a Felipe de Anjou por el trono vacante de España, Jaime Rosell, Marqués de Rafal, alzó la ciudad en nombre del archiduque, siendo derrotado por el ejército borbónico que mandaba el obispo Belluga.

 La ciudad fue conquistada y saqueada y sus fueros y privilegios abolidos por Felipe V. La lengua valenciana desaparecería de los documentos públicos (razón por la que hoy el valenciano no es hablado en Orihuela) y parte de las rentas de la ciudad fueron conquistadas.

 

La Universidad pasó por sus peores momentos por faltas de rentas con las que proveer las cátedras. En 1783 la ciudad perdería su facultad de medicina. La recuperación económica no se haría esperar, gracias al comercio de la seda, los obispos y la nobleza desarrollaron una auténtica fiebre constructiva: Flores Osorio, Gómez de Terán, etc., convierten Orihuela en una ciudad barroca. Artistas como Laureano y Antonio Villanueva, Los Caro, Borja, Salzillo, etc., trabajan para sus iglesias.

Se obraron conventos (Agustinas, Clarisas, de la Trinidad). La nobleza levanta o remodela sus palacios (Marqués de Arneva, Conde de la Granja, Baronesa de Linde, Conde de Luna, etc.).

Durante la Guerra de Independencia (1808-1814), los oriolanos combatieron contra los franceses encuadrados en las tropas de Blake y José O’donell o en los dos regimientos que el duque de Pinohermoso llevó para defender Zaragoza. 1810 en las prefecturas, Napoleón, pasa a Orihuela al Departamento del Rió Segura con capital en Murcia. En 1812 la ciudad se constituye en cuartel general de O’donell, que concentra a 12.000 hombres para la ofensiva de Alcoy.

La economía quedó maltrecha tras esta campaña por los contingentes de tropas y refugiados que hubo que alojar y alimentar y por los préstamos e de guerra que se libraron. En 1822 Orihuela pasa a la provincia de Murcia.

En 1824 se suprime definitivamente la Universidad. En marzo de 1829 un terremoto que asoló la región hizo estragos en Orihuela, afectando a la mayoría de edificios y al castillo. En 1833 pasa definitivamente a la provincia de Alicante. Una terrible epidemia de cólera en 1834 diezma la población.

Los decretos de Desamortización de Mendizábal (1835-1836), supusieron un duro golpe para el clero oriolano, se disuelven las comunidades religiosas y sus bienes son subastados, franciscanos calzados, carmelitas, agustinos, monjas franciscanas, dominicos, capuchinos y franciscanos de Santa Ana y San Gregorio se ven afectados.

Durante el alzamiento liberal de 1836 en La Granja, la ciudad se pronuncia a favor del absolutismo, concitando sobre sí la presión militar de toda la región.

Ese mismo año nacía Joaquín Agrasot, el que luego sería gran pintor romántico oriolano.

La primera Guerra Carlista (1833-1839), tuvo amplia repercusión en Orihuela, especialmente en 1837 cuando el carlista Forcadell entra en la ciudad haciéndose fuerte frente a los gubernamentales cristianos.

En los años centrales de siglo Orihuela contaba con 16.000 habitantes, era la segunda ciudad de la provincia.

 

Finalizando el breve capítulo que supuso la I República de 1873, se produjo el episodio de la toma de la ciudad por el cantonalista Antoñete Gálvez, que derrota al gobernador militar Ruiz Piñero en las calles céntricas de la ciudad.

En octubre de 1879 sobreviene la trágica riada de Santa Teresa, con un balance final desolador: 300 personas perdieron la vida y las viviendas y cultivos de las márgenes del río Segura fueron arrasados.

La llegada del ferrocarril fue en 1884, el Presidente del Gobierno, Canovas del Castillo, asistió al solemne acto que se celebro en el patio de la suprimida Universidad.

Orihuela ha dado hombres ilustres en el campo de las letras, las ciencias y la religión: el poeta Miguel Hernández, el pintor Joaquín Agrasot, el Cardenal Desprades (primer nuncio apostólico), el arzobispo Loaces, etc. Y ha sido fuente de inspiración de Gabriel Miró en sus magníficas novelas Nuestro Padre San Daniel y el Obispo Leproso.

El nueve de octubre es el Día de la Comunidad Valenciana, ente territorial existente desde el 1 de julio de 1982, pero ese día no se conmemora la aprobación del estatuto de autonomía, sino la entrada en Valencia en 1238 del rey aragonés Jaime I, acabando con el dominio musulmán y convirtiendo la ciudad en capital de un nuevo reino: el Reino de Valencia dotado de leyes específicas (Los Fueros) e integrado en la Corona de Aragón, junto a Aragón y Cataluña. Ahí es donde nacen los orígenes de la actual Comunidad Valenciana.

Lee el apartado entero en: www.enorihuela.com 

 

Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.

 

P. Neruda

 

Beso soy, sombra con sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.
Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y no abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor,
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo sólo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.
Esperanza, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?
A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión,
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.

M. Hernandez.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

El canto de Bodas de Krhysís

Publicado: 24 mayo, 2010 en Afrodita, Poemario

para estrenar mi nuevo Poemario, en el cual ire introduciendo obras de todos aquellos autores que me gustan, he seleccionado la cancion de bodas de khrysis, que le canta a Demetrios, aqui os la dejo.

en mi lecho por las noches

busque al que ama mi alma

busquele y no le halle…

yo os conjuro, hijas de Jerusalen

que si hallareis a mi amado;

le digais

que languidezco de amor…

– ah! Es el Cantar de los Cantares Demetrios!

es el canto de bodas de las hijas de mi pais! “-.

“yo duermo, y mi corazon vela

es la voz de mi amado

ha llamado a mi puerta

vedle, viene

saltando por los montes

semejante al Gamo

o al hermoso Cervatillo

mi amado habla y me dice;

– abreme hermana mia, paloma mia,

porque mi cabeza esta llena de rocio

y mis cabellos de gotas de la noche

levantate amiga mia, ven hermosa mia

ya ves…paso el invierno

y la lluvia se fue…

ya en el campo aparecieron los capullos

ha llegado la epoca de cantar

y la voz de la tortolilla se oyo

levantate amiga mia!

hermosa mia, ven!”

/…………………………………………………………………………………//

 

Extraido de: Afrodita / Krhysis y Demetrios