¡APIÁDATE DE MI CORAZÓN, ALMA MÍA!

Publicado: 20 abril, 2013 en Gibran Jalil Gibran, Poemario
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¿Por qué lloras, Alma mía? 
¿Acaso desconoces mis flaquezas? 
Tus lágrimas me asaetean con sus puntas, 
Pues no sé cuál es mi error.
¿Hasta cuándo he de gemir?
Nada tengo sino palabras humanas 
Para interpretar tus sueños,
Tus deseos, y tus dictados. 

Contémplame, Alma mía; he 
Consumido días enteros observando 
Tus enseñanzas. ¡Piensa en todo 
Lo que sufro! Siguiéndote mi
Vida se ha disipado.

Mi corazón se ha glorificado en el
Trono, pero ahora no es más que un esclavo; 
La paciencia era mi compañera, mas
Ahora se ha vuelto en mi contra; 
La juventud era mi esperanza, mas 
Ahora desaprueba mi abandono.

¿Por qué eres tan acuciante, Alma mía? 
He rehusado el placer
Y he abandonado la dicha de la vida 
En pos del camino que tú
Me has obligado a recorrer.
Sé justa conmigo, o llama a la Muerte 
Para que se desencadene,
Pues la justicia es tu virtud.

Apiádate de mi corazón, Alma mía. 
Tanto Amor has vertido sobre mí que 
Ya no puedo con mi carga. Tú y el 
Amor son un poder inseparable; la Materia 
Y yo somos una debilidad inseparable. 
¿Cesará alguna vez el combate
Entre el débil y el poderoso? 

Apiádate de mí, Alma mía. 
Me has mostrado la Fortuna 
Inalcanzable. Tú y la Fortuna moran 
En la cumbre de las montañas; la Desdicha y yo 
Estamos juntos y abandonados en lo profundo 
Del valle. ¿Se unirán alguna vez
El valle y la montaña? 

Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la Belleza y luego
La has ocultado. Tú y la Belleza moran 
En la luz, la ignorancia y yo
Somos uno en la oscuridad. ¿Invadirá 
La luz alguna vez las tinieblas?

Tu deleite llega con el Fin,
Y ahora te revelas anticipadamente; 
Mas este cuerpo sufre por la vida 
Mientras vive.
Esto es, Alma mía, el desconcierto. 

Presurosa huyes hacia la Eternidad, 
Mas este cuerpo fluye lento hacia 
El Fin. Tú no lo esperas,
Y él no puede apresurarse. 
Esto es, Alma mía, la tristeza.

Te elevas raudamente, por el mandato
De los cielos, mas este cuerpo se desploma 
Por la ley de gravedad. No lo consuelas
Y él no te quiere.
Esto es, Alma mía, la desdicha. 

Eres rica en sabiduría, mas este 
Cuerpo es pobre en comprensión. 
Tú no te arriesgas
Y él no puede obedecer.
Esto es, Alma mía, el límite de la desesperación. 

En el silencio de la noche visitas
Al enamorado y gozas con la dulzura
De su presencia. Este cuerpo será por siempre
La amarga víctima de la esperanza y la separación. 
Esto es, Alma mía, la tortura despiadada. 
¡Apiádate de mí, Alma mía!

G. Khalil Gibran

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