Archivos para 23 octubre, 2011

Brumas en la Eternidad

Publicado: 23 octubre, 2011 en Mis Poesias y Ensayos, Poemario

te busco…en el recuerdo mas profundo, tratando de hallarte al fin…

pero la noche es larga, la noche es fria, y te ha arrancado de mi…

los cristalinos brazos de la soledad, me abrazan, me alejan

hasta un punto eternizante, donde hallar la vida es una

odisea delirante….

carnaval efimero, donde animas, satiros, buitres y otros

espectros danzantes de mi mente, en una pasion sin fin agonizante

miradas, punzadas, lacerantes…

si acaso aparecieras Tú… vestida de luz

con dos alas, mecidas por el viento

salvando las distancias entre la tierra y el cielo

amaria un poco mas  la pesadez de la vida, alejando la condena

reemplazando la desgracia mas maldita

entre la dicha y tus ojos de azucena

pondria un arcoiris al cielo

cegando las noches de quimeras

arrojaria al acantilado mis malos recuerdos

romperia las suelas de mis botas, cansadas de caminar

para contigo lanzarme a volar

los malos momentos olvidar

la desgracia y el tormento cercenar…

si en tu mirar hallo el mio

si en tu cuerpo se halla el desvario

si en tu caricia nace la chispa

del volcan de los deseos

solo corazon escuchame un momento

antes mi corazon latia lento, lento

pero ahora, solo puede latir contigo.

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Cartas > Miguel Hernández

Publicado: 23 octubre, 2011 en Miguel Hernandez, Poemario

El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombre me encuentro,malheridos por la ausencia,desgastados por el  tiempo.Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales,
sueños,
fragmentos de la ternura
proyectados en el cielo,lanzados de
sangre a sangre
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

En un rincón
enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre
la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de
estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el
papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la
tierra mi amante cuerpo
esté, escríbeme a la
tierra, que yo te
escribiré.

Cuando te voy a escribir
se emocionan los
tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro.
Cuando te voy a
escribir, te van a escribir mis huesos:
te escribo con la
imborrable
tinta de mi sufrimiento.

Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas
plegadas
y la dirección en medio.
Ave que solo persigue,
para nido aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos
y el espacio de tu aliento.
Y te
quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme a la tierra,
que yo te escribiré.

Ayer se quedó una
carta abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que
perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los
muertos:
papel anhelando, humano,
sin ojos que puedan
verlo.

Mientras los colmillos crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido, si no

es posible despierto.
Y mis heridas serán,
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas
de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.