Luis de Góngora: El trágico poeta

Publicado: 26 abril, 2011 en articulos, Luis de Gongora, sala de lectura

 

Córdoba, España, 1561-id., 1627) Poeta español. Nacido en el seno de una familia acomodada, estudió en la Universidad de Salamanca. Nombrado racionero en la catedral de Córdoba, desempeñó varias funciones que le brindaron la posibilidad de viajar por España. Su vida disipada y sus composiciones profanas le valieron pronto una amonestación del obispo (1588).

En 1603 se hallaba en la corte, que había sido trasladada a Valladolid, buscando con afán alguna mejora de su situación económica. En esa época escribió algunas de sus más ingeniosas letrillas, trabó una fecunda amistad con Pedro Espinosa y se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo. Instalado definitivamente en la corte a partir de 1617, fue nombrado capellán de Felipe III, lo cual, como revela su correspondencia, no alivió sus dificultades económicas, que lo acosarían hasta la muerte.

Aunque en su testamento hace referencia a su «obra en prosa y en verso», no se ha hallado ningún escrito en prosa, salvo las 124 cartas que conforman su epistolario, testimonio valiosísimo de su tiempo. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas.

En sus primeras composiciones (hacia 1580) se adivina ya la implacable vena satírica que caracterizará buena parte de su obra posterior. Pero al estilo ligero y humorístico de esta época se le unirá otro, elegante y culto, que aparece en los poemas dedicados al sepulcro del Greco o a la muerte de Rodrigo Calderón. En la Fábula de Píramo y Tisbe (1617) se producirá la unión perfecta de ambos registros, que hasta entonces se habían mantenido separados.

Entre 1612 y 1613 compuso los poemas extensos Soledades y la Fábula de Polifemo y Galatea, ambos de extraordinaria originalidad, tanto temática como formal. Las críticas llovieron sobre estas dos obras, en parte dirigidas contra las metáforas extremadamente recargadas, y a veces incluso «indecorosas» para el gusto de la época. En un rasgo típico del Barroco, pero que también suscitó polémica, Góngora rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros lírico, épico e incluso satírico. Juan de Jáuregui compuso su Antídoto contra las Soledades y Quevedo lo atacó con su malicioso poema Quien quisiere ser culto en sólo un día… Sin embargo, Góngora se felicitaba de la incomprensión con que eran recibidos sus intrincados poemas extensos: «Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos».

Se suele agrupar su poesía en dos bloques, poemas menores y mayores, correspondientes más o menos a dos etapas poéticas sucesivas. En su juventud, Góngora compuso numerosos romances, de inspiración literaria, como el de Angélica y Medoro, de cautivos, de tema piratesco o de tono más personal y lírico, algunos de ellos de carácter autobiográfico en los que narra sus recuerdos infantiles, y también numerosas letrillas líricas y satíricas y romances burlescos. La gran mayoría son una constante acumulación de juegos conceptistas, equívocos, paronomasias, hipérboles y juegos de palabras típicamente barrocos. Entre ellos se sitúa el largo romance Fábula de Píramo y Tisbe (1618), complejísimo poema que fue el que costó más trabajo a su autor y tenía en más estima, y donde se intenta elevar la parodia, procedimiento típicamente barroco, a categoría tan artística como las demás. La mayor parte de las letrillas están dirigidas, como en Quevedo, a escarnecer a las damas pedigüeñas y a atacar el deseo de riquezas. Merecen también su lugar las sátiras contra distintos escritores, especialmente Quevedo o Lope de Vega.[1]

Junto a estos poemas, a lo largo de su vida no dejó Góngora de escribir perfectos sonetos sobre todo tipo de temas (amorosos, satíricos, morales, filosóficos, religiosos, de circunstancias, polémicos, laudatorios, funerarios), auténticos objetos verbales autónomos por su intrínseca calidad estética y donde el poeta cordobés explora distintas posibilidades expresivas del estilo que está forjando o llega a presagiar obras venideras, como el famoso «Descaminado, enfermo, peregrino…», que anuncia las Soledades.  Entre los tópicos usuales (carpe diem, etc.) destacan, sin embargo, como de más trágica grandeza los consagrados a revelar los estragos de la vejez, la pobreza y el paso del tiempo por el poeta, que son los últimos.

Los poemas mayores fueron, sin embargo, los que ocasionaron la revolución culterana y el tremendo escándalo subsiguiente, ocasionado por la gran oscuridad de los versos de esta estética. Son la Fábula de Polifemo y Galatea (1612) y las incompletas e incomprendidas Soledades (la primera compuesta antes de mayo de 1613). El primero narra mediante la estrofa octava real un episodio mitológico de las Metamorfosis de Ovidio, el de los amores del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, que le rechaza. Al final, Acis, el enamorado de Galatea, queda convertido en río.

 Se ensaya ahí ya el complejo y difícil estilo culterano, lleno de simetrías, transposiciones, metáforas de metáforas o metáforas puras, hipérbaton, perífrasis, giros latinos, cultismos, alusiones y elusiones de términos, procurando sugerir más que nombrar y dilatando la forma de manera que el significado se desvanezca a medida que va siendo descifrado.

Góngora tuvo una relación estrecha con la música y muchas de sus poesías fueron usadas por grandes compositores de su tiempo, como bien estudió Miguel Querol.

 Menos conocido es el hecho de que él mismo fuera músico, posibilidad sustentada, no ya sólo por la erudición técnica del vocabulario musical que emplea en sus poesías, sino por el hallazgo de varias piezas en tablatura para bandurria] en uno de los manuscritos más fiables de los que conservan su poesía. Se trata de tres piezas completas (Gallarda, Jácara y otra sin título) y dos fragmentos más de desigual longitud. Aunque fueron descubiertas en 1916, su transcripción correcta y su difusión en tiempos más recientes se debe al musicólogo Pepe Rey, quien también propició con su desaparecido grupo SEMA la grabación primera de una de ellas, la jácara.

 Ésta y las otras dos que se conservan completas, han sido grabadas por el Grupo CINCO SIGLOS, en versión de cámara.Dicha grabación, realizada a partir de una nueva transcripción y realización musical de Gabriel Arellano (miembro de CINCO SIGLOS) a partir de la tablatura original, es la primera a nivel mundial para la Gallarda y la pieza sin título que Pepe Rey identifica como Pasacalle.

En el libreto del CD,y antes en el blog del grupo,otro de sus miembros, Antonio Torralba, revela algunas circunstancias de la vida de Góngora vinculadas a los instrumentos de cuerda pulsada que, aunque publicadas en los sesenta del pasado siglo por Dámaso Alonso, habían pasado desapercibidas a los estudiosos de esta faceta artística del poeta.

Fragmento de la obra Viaje del Parnaso de Miguel de Cervantes, en la que cataloga a los buenos y malos poetas de su época.

” Aquel que tiene de escribir la llave,

con gracia y agudeza en tanto extremo,

que su igual en el orbe no se sabe

es don Luis de Góngora, a quien temo

agraviar en mis cortas alabanzas,

aunque las suba al grado más supremo.”

pueden leer en esta pagina sus obras.

http://www.poesia-inter.net/Luis_de_Gongora_y_Argote.htm

comentarios
  1. romantica354 dice:

    Buen poeta y escritor como tu tambien lo eres y en un futuro escribir poemas y editar muchos libros … un beso.
    te kiero
    ROMANTICA

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